La actividad apícola se basa en la necesidad de las plantas de transportar el grano de polen hasta el estigma, habitualmente de una flor distinta. Los mecanismos de transporte son diversos pero en general el polen es transportado por el viento (flores anemógamas) el agua (hidrógamas) o los animales (zoógamas, Fig. 1).

El primer grupo animal que comenzó a polinizar fue el de los insectos y entre ellos los escarabajos. Después aparecieron sucesivamente avispas, hormigas y especialmente abejas y abejorros, moscas y finalmente mariposas nocturnas y diurnas. En zonas tropicales juegan un papel muy importante las aves (colibríes). También hay polinizadores entre las arañas, reptiles, murciélagos y en menor medida, algunos mamíferos.

                                                                     
                                                                                                             (Fig 1 Cistus albidus AGNADEN)

 Para que este sistema sea eficaz las flores tienen que desarrollar mecanismos para que el animal las reconozca y se vea atraído por ellas. Los más habituales son colores y formas vistosas u olores (Fig. 1), recompensados con una gran cantidad de polen o néctar.

Fig 2a abeja en aulaga AGNADEN                     Fig 2b Abejas colmenas AGNADEN

 

Algunas especies de memoria desarrollada, como las abejas (Fig. 2), pueden asociar el color y aroma de una flor con la recompensa nutritiva y mediante el lenguaje de la danza comunicar al resto de la colmena su posición. En estos casos se suele establecer durante un tiempo la costumbre de visitar un determinado tipo de flores, con el consiguiente beneficio para su polinización.

Una polinización intensa, lógicamente, incrementa la producción de semillas y frutos, y por tanto en sistemas agrícolas beneficia al agricultor mientras que en los ecosistemas aumenta tanto la cantidad de alimento disponible para la fauna, como la capacidad de reproducción de las diversas especies vegetales.

     Fig 3 Varroa 

Las colonias de abeja melífera silvestres prácticamente han desaparecido debido a varias enfermedades, entre la que destaca la varroasis, producida por un ácaro parásito que termina por aniquilar la colmena (Fig. 3). De esta forma, la especie y por consiguiente los beneficios que aporta a los ecosistemas y la actividad agrícola, dependen básicamente de las colmenas artificiales de las explotaciones apícolas. En el norte de la península se ha detectado una drástica reducción de la producción de frutos por la desaparición de las colmenas silvestres y el abandono de la apicultura tradicional en la zona.  Uno de los efectos estudiados es la reducción en la producción de arándanos, que servían de alimento al oso pardo que, como consecuencia, también ha dejado de frecuentar esos territorios. El efecto de la instalación de colmenares se ha estimado en incrementos de la producción de frutos de hasta un 50%.

Por su parte, el manejo adecuado del colmenar, reporta al apicultor miel, polen y própoli.

 

 
 Fig 4 Trabajos colmenas AGNADEN  Fig 5 Trabajos en colmenas AGNADEN  

 

AGNADEN ha comenzado a explotar cinco colmenas en la Reserva de Corvales en La Zubia, con el objetivo de mejorar la polinización en la finca y por supuesto, de obtener una pequeña cantidad de miel para autoconsumo de la asociación.

Además, como en la mayoría de nuestras actividades, aprovechamos la ocasión para la educación y la formación ambiental de los más jóvenes de la asociación. Las jornadas en las que extraemos la miel se han convertido en uno de los días más esperados por todos, por lo entretenido y por la recompensa.